jueves, 18 de octubre de 2018

15/10/2018 Estambul


La noche ha sido memorable, no sólo hemos disfrutado de la música sino que los mosquitos también nos han acompañado y acribillado, pero ahora disfrutamos de nuestro desayuno en la terraza con vistas a Sta Sofia y la mezquita azul (que por suerte, el exterior no está de reformas), desde luego las vistas son un regalo.
Hoy salimos con la misión de cambiar dinero, más que nada porque nos hemos quedado sin dinero local, creo que los 20 euros los hemos estirado a más no poder. Por nuestra zona el cambio es horroroso, así que decidimos hacer caso a la guía e ir al Gran Bazar que es donde están los mejores cambistas. Antes de irnos hacia la zona antigua, nos acercamos a las oficinas de venta de billetes de autobuses para informarnos de horarios y precios a nuestro próximo destino, descubriendo que no hace falta que vayamos hasta la estación de buses porque tienen un autobús lanzadera gratuito. Pero como no tenemos ni una lira no nos queda otra que ir a cambiar antes. Hoy se nota que es lunes porque por la calle hay menos gente y al llegar al bazar todo esta abierto y repleto de gente... El cambio bueno lo encontramos a la primera, pero decidimos darnos una vuelta y ver si lo podemos mejorar, acabamos regresando a la hora para cambiar antes de que la lira suba más ya que vemos que las casas de cambio modifican el precio constantemente, según suba o baje on line...Los precios han subido bastante en el último vez y aun que no se puede comparar el cambio con el que había hace un mes, cambiamos los euros cuando hace un repunte, eso es tener suerte de la buena!
Con los bolsillos llenos de moneda local decidimos pasar la mañana por el gran bazar, calle arriba y calle abajo, derecha e izquierda para perdernos o volvernos a encontrar. Hoy nos ponemos serios con la comida y encontramos un restaurante local donde no hay turistas ni cartas en ingles y conseguimos comer como Dios manda, gracias a las traducciones de un turco que estaba comiendo allí, aunque por supuesto la comida no tiene comparación con la del sud-este asiático. Ni por el sabor ni por el precio.
Sobre las 15h vamos a visitar Sta Sofia, por fortuna hoy no hay casi gente, y la historia se vuelve a repetir, la mitad del interior de Sta Sofia está llena de andamios porque la están restaurando, aún así resulta impresionante. Como no hemos cogido ningún guía vemos un documental de 20 minutos en una enorme televisión donde nos lo explican todo y con toda clase de detalles... Una vez licenciados salimos a disfrutarla, y con todos los datos frescos en nuestros cerebros nos resulta muy fácil centrarnos en todos los detalles.
Ya realizada la visita y todas las fotos de rigor seguimos deambulando por esta zona hasta que las luces van bajando, momento el cual decidimos volver a “nuestro barrio”, Camino de vuelta, recordamos un local donde el bocadillo de pescado era más barato y popular entre la gente local por lo que la BM y yo tiramos de memoria hasta llegar a él, y lo que en principio parece un bocadillo normal al final resulta estar muy bueno y nos deja las barrigas llenas.
Ya sólo nos queda hacernos toda la calle turística hasta el final y comprar los billetes, hasta nuestro próximo destino, en la agencia que según la información conseguida, es e más barata, pero no lo tenemos nada claro... Pensamos que seguramente en la estación se puede conseguir mejor de precio, pero en la oficina de turismo nos han dicho que el precio es el mismo.... así que nos dejamos llevar y que nos vengan a buscar. Y con todo hecho, sólo nos queda disfrutar de la calle turística, de sus gentes olores y colores.
Con muchísimo cansancio y pocas ganas regresamos a nuestro disco-habitación, para ponernos cómodos, tomarnos un café en la terraza con vistas, hacer las mochilas y de momento sólo oímos la música del dueño del piso, que por supuesto le hacemos saber que somos fieles seguidores del silencio.


Una profesión antigua.



Torre Galata, al fondo

Paseo por el Gran Bazar

Te Viagra

Gran Bazar
Entradas a Sta Sofia

Interior de Santa Sofia

Interior de Santa Sofía
Mezquita Azul

Vistas des de la terraza de nuestro apartamento



Nuestra comida de hoy en el Gran Mercado



Mezquita Azul

Regalo de los alemanes a los turcos, actualmente Patrimonio de la Unesco

14/10/2018 Estambul


La noche ha sido muy larga y aún durmiendo con tapones me he ido despertando canción si canción también y cuando al fin me dormía, llegaba algún mosquito para traerme de vuelta al mundo terrenal... El día pinta largo y excitante: por fin podremos verle la cara a Estambul!! La primera sorpresa son las vistas que tenemos desde la terraza de nuestro apartamento y por ellas se salva: vemos toda la silueta de Estambul: desde Sta. Sofia a la Mezquita Azul, el Mercado Viejo y miles de minaretes y cúpulas por todas partes. Los pies se ponen en marcha, queremos pisarlo TODO. Así que cargamos las bolsas, sacamos la cámara y a pasear.
Ponemos rumbo hacia el Gran Bazar, lo tenemos a 30 minutos a pie. Cruzamos el puente que nos deja a los pies del bazar de las especias, un puente repleto de de gente pescando, no hay un palmo libre sin caña en la barandilla de orilla a orilla, debe ser el deporte nacional o un medio de supervivencia, aún no lo tengo claro. Por todos lados hay puestos vendiendo bocadillos de pescado. Todos iguales, todos al mismo precio. También está repleto de carritos ambulantes de mazorcas de maiz y la gente se sienta en los escalones frente al puente a comer y tomar refrescos.
Llegamos al Gran Bazar y nos enteramos que por ser domingo el 95% del bazar está cerrado y los mejores cambistas también.
Deambulamos un rato por las calles vacías, hasta que encontramos a una pareja que nos lleva hasta el centro turístico de la ciudad, dígase en otras palabras donde se halla la mezquita azul y Sta Sofia. Los cambistas aquí deben hacer el agosto con los turistas, porque los cambios son demoledores, pero mis ojos no miran lo mismo que los de la BM, yo sólo veo los escaparates de comida, tan bien presentados, con esas texturas y colores, no dejo de salivar y mi estomago se ha convertido en un agujero negro. La BM consigue sacarme de los escaparates y me propone ir a visitar la mezquita azul, pero como resulta que hay una vuelta ciclista importante está lleno de policías que nos paran cada dos por tres y nos miran las mochilas. Al fin llegamos a la mezquita, después de un pequeño rodeo y de unos cuantos cacheos. Como suele ser costumbre nos resulta más interesante por fuera que no por dentro y esta vez con razón de peso, el interior de la mezquita esta de reformas y han puesto un falso techo pintado a tres metros del suelo que quita las ganas de sentarse a disfrutar de la mezquita, para postre esta repleta de turistas haciéndose selfies a cada centímetro, aún no se qué fotografían, pero la cuestión es darle al botón para inmortalizarse a cada segundo que pasa.
Salimos un poco bastante decepcionados por la visita, pero enseguida se nos pasa....
Tantas horas de pie y con todos los sentidos a toda marcha nos van pasando factura, por lo que decidimos pararnos a tomar un té local, en un local tan pequeño que las mesas están en la acera porque dentro no caben. Decidimos comernos unas mazorcas de maiz asadas después de un intento fallido de comprar un kebab: el tamaño es tan ridículo que lo hemos devuelto en el momento que nos lo han servido. Y es que en Turquia los kebabs van a peso y a medida que van cortando la carne la ponen en una balanza miligrámica para no pasarse ni una pizca... Como las horas van avanzando y la noche con ella, decidimos volver a “nuestro barrio” para sentirnos más seguros. El viaje de retorno es largo y el ascenso final memorable... Pasamos por la torre Galata, donde centenares de turistas hacen cola y volvemos despacito hasta casa. Como tenemos hambre y no nos apetece hacer más intentos fallidos, decidimos comprar una barra de pan y una bolsa de patatas Lay's por cabeza y hacernos un “bocata de patatas” a la irlandesa.
Con las energías parpadeando en rojo, caminamos un poco por nuestra zona y regresamos a nuestra disco-habitación particular, tomarnos un café calentito en nuestra terraza con vistas donde después de asearnos y ponernos cómodos, sólo nos queda disfrutar de la música hasta Dios sabe que hora.

Día de pesca, sobre el puente de Estambul

Vistas des del puente

Dulces turcos

Interior de la Mezquita Azul

Santa Sofía

Hora de tomar el te.


13/10/2018 de Barcelona a Estambul



Volvemos a las andanzas, este año hemos tardado más de lo normal, incluso hemos dejado escapar unos vuelos a la India, pero finalmente hemos cogido con fuerza el timón de nuestro destino y por más vientos que soplasen no nos hemos desviado de nuestro rumbo, hasta al final llegar a la puerta de embarque destino Estambul.
Aunque ya en la puerta de embarque el viaje no pintaba muy confortable, nos hemos visto rodeados de niños y niñas de unos 10 años que no se callaban ni a la de tres, eso si, todos hablaban en afirmativo, igual que los licenciados que salen en las tertulias de las mañanas, siempre hablando con esa seguridad y certeza que te da la distancia y la inexperiencia.
Aterrizamos a las 18:30h y salvamos todos los tramites y cambiamos sólo 20 euros para llegar a nuestro alojamiento y comer algo, porque el cambio es horroroso. Finalmente ponemos los pies en tierra Turca, y sin descanso encontramos la parada de bus que nos lleva hasta el metro, compramos la tarjeta Istambulcard, con la que empezar a usar transporte público con la buena ayuda del conductor y nos subimos al bus que nos deja justo en la entrada del metro y una vez allí, nos movemos sin ninguna dificultad.
Nos bajamos en nuestra parada y de aquí al alojamiento que ha reservado la BM son 20 minutos, por fortuna es por la calle principal que está abarrotada de gente, las tiendas abiertas. Finalmente llegamos a nuestro alojamiento, esta vez la BM ha hecho una reserva por Airbnb, pero la calle no pinta nada bien: es una cuesta empinada donde todo son bares, restaurantes, karaokes, terrazas y música muy alta.
Los 4 pisos que subimos a pie no nos tranquilizan y cuando por fin llegamos arriba la cosa no mejora, el dueño dice que la habitación es estilo vintage y antigua, pero a nuestros ojos todo parece a punto de caerse. Pero esto no es lo peor: la habitación tiene una terraza por la que oímos la música que viene de los bares, restaurantes y karaokes de nuestra calle y siendo sábado noche la cosa promete.
Sin mucho más que hacer nos preparamos para ir a dormir, a ver si entramos por la puerta grande en el mundo de los sueños.


Vacaciones!! Por fin!!!

domingo, 10 de septiembre de 2017

30/08/2017 Regreso a casa.

Nos levantamos a las 06h, volvemos a jugar al tetris con el maletero, las maletas, las bolsas, depues desayunamos y empezamos el regreso hacia casa. Paramos cada dos horas, para estirar las piernas y colocar cada musculo en su sitio, pero aún así a media tarde ya no hay manera de colocar nada en su sitio, finalmente llegamos a casa sobre las 21h, vaciamos el coche, nos quitamos las impurezas del día y nos lanzamos de cabeza al mundo de los sueños....

***** FIN DE NUESTROS SERVICIOS ******** ;-)

29/08/2017 Trieste (Italia).

Por recomendación de la propietaria, hacemos cambio de planes y en vez de ir a la costa eslovena, decidimos ir a la costa italiana, que está a la misma distancia. Antes nos preparamos un desayuno completísimo, generosidad de la casa. Subimos al coche y nos dirigimos al castillo de Miramare, en Trieste. El castillo es muy pintoresco, en primera linea del mar y con unos jardines preciosos, por los que paseamos y disfrutamos hasta que decidimos que es hora de llenar los estómagos. La BM ha buscado un restaurante muy recomendado en internet. Aparcamos el coche en el centro y empezamos a andar, pero nos damos cuenta que quizás hemos aparcado demasiado lejos: hace mucha calor, no hay ni una sombra y el km y medio hasta él se hace tan largo que la BM tiene que adelantarse para intentar conseguir una mesa antes de que sea demasiado tarde. Por desgracia, es demasiado tarde y pese a la caminata, nos quedamos sin mesa porque el lugar está completo. Con las cabezas gachas, emprendemos el regreso al centro, pero la BM entra en un bar a preguntar si sirven comidas y nos dicen que les queda dos platos de pasta y dos lasañas. Por la hora que es, no podemos ser quisquillosos y aceptamos el menú, que complementamos con una ensalada. La verdad es que los platos dan risa: parecen más una tapa que un plato.... Decidimos tomarnos un café para poner algo más a nuestros estómagos y salimos a buscar el postre fuera, no queremos arriesgarnos aquí. Llegamos al centro de Trieste, que es espectacular y buscamos un helado, que, erróneamente, decidimos comer mientras paseamos sin darnos cuenta que estamos a 40 grados y que en la calle no hay ni una sombra donde refugiarse, por lo que acabamos bajo un portal para evitar que el helado se derrita a una velocidad más grande de la que nos lo podemos comer. Cuando acabamos con ellos, decidimos ir a la Catedral, hazaña que queda en un intento porque hay unas cuestas enormes y no hay quien resista tanto sol. Así que decidimos recoger velas y volver para casa, y aprovechar la tarde para preparar las maletas y así salir más pronto por la mañana. Llegamos a casa agotados y sudados y mientras la propietaria se dedica a charlar por los codos con la BM, los suegros y yo, después de refrescarnos preparar las cosas, nos echamos unas partidas al Rumikub hasta la hora de acostarnos.

Jardines del castillo de Miramar, Trieste

Castillo de Miramare



Estatua griego-romana-contemporánea




Ayuntamiento de Trieste

28/08/2017 de Plitvize a Branik

Nos levantamos a la hora de siempre, a pesar que hoy es día de traslado no tenemos prisa por llegar. Cargamos el coche igual como si fuese un tetris, nos despedimos de la amable familia y sobre las 09h nos ponemos en ruta.
El viaje transcurre sin ninguna novedad, la úncia sorpresa es que tardamos menos de lo esperado, la BM encontró una autovía que nos a ahorrado un par de horas de viaje. Nos emociona la vuelta a Eslovenia, ya que en Crocia no teníamos moneda y no queríamos cambiar, con lo que no nos hemos podido tomar ni un café fuera de casa. Como justo entramos a Eslovenia al mediodia, buscamos una buena área de servicio, con un supermercado incluido, donde comprar un aperitivo, bebidas y postre, porque la comida la llevamos ya hecha. Antes de las 16 horas llegamos a nuestro último “hogar”, una casa familiar en un pueblo vinícola más pequeño de lo que esperábamos... La amable propietaria, madre de 3 hijos, nos acoge con mucho cariño y nos ofrece bebidas y cafés. Nos enseña las habitaciones, que son increíbles, grandes y luminosas. La suegra está emocionada con la suya, que tiene hasta una sala de estar con sofá para ella sola. La propietaria nos informa que hoy su hijo pequeño cumple 22 años y estamos invitados a la cena de cumpleaños esta noche. Qué majos! La BM y yo nos acercamos al Merkator del pueblo y compramos cuatro cosas (para la cena estamos invitados y el alojamiento incluye desayuno). Volvemos a casa y descansamos hasta la cena, para la cual nos avisan. Ha venido el resto de los hijos, la tía, las sobrinas, el tío, el marido..... Somos tantos que no cabemos en la mesa, no hay sillas para todos, pero como nosotros somos invitados no tenemos que preocuparnos, porque para nosotros hay de todo. Cenamos brochetas de pollo, salchichas, patatas fritas y tarta de cumpleaños y después de la cena, tomamos unas cervecitas frescas, hasta que todo el mundo se va yendo y nosotros aprovechamos para retirarnos a nuestros aposentos y descansar del día de hoy tras una deliciosa ducha en un baño fantástico!


27/08/2017 Plitvize (Croacia)

A las 06h todos nos levantamos, nos cuesta, llevamos ya muchos días de batalla, incluso a los perros les cuesta abrir los ojos. Nos arreglamos, desayunamos y empezamos la aventura de hoy. La cosa empieza “bien”, en la entrada del parque no aceptan tarjetas y hemos de pagar en euros y por supuesto el cambio es totalmente desfavorable y el precio es abusivo (26 euros por persona, sin mapa ni información previa) , pero una vez pasado el trángulo de la taquilla empezamos la visita. Como todavía es temprano y aún no funcionan todos los servicios del parque, decidimos empezar la visita por los lagos de arriba, sólo hemos de coger un bote que nos cruza el rio. La BM esta que trina porque en ningún momento nos han pedido el ticket de entrada.
Para nuestra sorpresa a pesar de ser cuesta arriba se hace muy bien. Los lagos y cascadas nos parecen chulísimas y las aguas son transparentes, esta lleno de rinconcitos, hacemos casi todo el recorrido por la sombra, los arboles nos dan buen cobijo.
Sobre las 11:30h terminamos el primer circuito, ahora cogeremos un bus que nos lleve a los lagos bajos para hacer la parte que nos falta. La BM pregunta al personal del parque donde se coge el bus, pero estos son desagradables y lo único que saben decirnos es que sigamos las indicaciones. Al no ser los únicos que visitamos el parque ver la cola para coger el bus nos ayuda bastante.
Ya estamos en el inicio del circuito de los lagos bajos y pinta muy diferente, para empezar hace mucha calor, y está lleno de turistas, desde donde estamos se ven las pasarelas llenas y a más a más casi no hay sombra.
Esta parte del parque no nos parece tan interesante, pero no se si es por la calor o porque esta lleno de gente o por todo junto, incluso los perros lo están pasando mal, tanta agua clara y cristalina y sin podernos refrescar. Cuando por fin terminamos el circuito hacemos cola para coger el barco y aquí por primera vez nos piden las entradas, el personal por supuesto continua siendo desagradable. Cuando ya estamos en el lugar correcto caminamos hasta el parking, este tramo último a mis suegros se les hace durisimo, pero una vez en el coche con el aire acondicionado y sentados parecen que vuelven a revivir.

A las 17h estamos todos en nuestra nueva casa, los perros se van a descansar y después de pasar por la deseada agua y purificar nuestros cuerpos hacemos unas partiditas a cartas, la BM prepara la cena y la comida del día siguiente y prontito nos vamos a dormir.















Merecido descanso en la terraza de nuestra buhardilla